por Lynnsinhill

Mi mente anda en Big Sur.

                         
Me llega un olor a chuletas, a una fritanga con el tomate de protagonista (no hay tomillo en su maceta capaz de noquear esa fritanga) y el sonidillo de un "costumbrista" afilador en la lontanza auditiva.

Estoy en la la terraza, en un septiembre en las últimas, con el sol todavía corriéndose juergas en mi termostato y  recalentando las paredes de mi nido conyugal. 
Me siento como Henry Miller en su Big Sur, aunque el mío es mental. Sí, me hallo en un Big Sur mental con ganas, con muchas ganas de pleitear con la prosa. 

En breve me regodearé con Bolaño. Descanse en paz su espíritu, pero no su obra. A esa no hay que desearle un D.E.P., ni un anglosajón R.I.P. A esta hay que decirle que se corra botellones en la mente de media humanidad, que escancie su imaginación en las almas de sus lectores...

Me siguen llegando bocanadas de pueblo "septiembrerero"; metido en la faena diaria, preparando el pienso del mediodía y yo aquí, en mi terraza, con montañas y metas en perspectiva.

Hoy, sí, desde luego, hace un día propio de Big Sur.

Amamantar niños y novelas

Trasnocho para amamantar. También tendré que reaprender a amamantar mi novela con palabras e ideas.

Mi mente y el ordenador agarrados gracias a una suerte de pezón imaginario con el que me succiona la prosa. Así, poco a poco y con paciencia, nutriendo y engordando el final de la historia que parí hace dos años. Soy lenta, lenta..., con una gestación de elefantes cuando en vez de construir con el playmobil uterino recurro al mental e hilvano mi manuscrito.
Por ahora carezco de recogimiento y silencio, de modo que mi mente sólo se atreve con los "posts". Tiene miedo al truncamiento, a que se rompa la cobertura en medio de una maravillosa conversación con la inspiración. Y todo a causa de un lloro o un estómago que reclama su dosis, como un yonqui de mí..., así es mi niño.