por Lynnsinhill

En el camino de Santi


Hace un año que me resquebrajé los músculos subiendo a Sant Jean Pied de Port.

Los primeros metros tenían pinta de Everest. Guardaban semejanza con una joroba jorobante de mis piernas. No había forma de ponerle meta a los kilómetros; un fin juicioso, pero la saña se expandía...

Empezaba el Camino de Santiago con un primer plato de pirineos franceses. El menú me gustaba... A muchos se les atraganta este primer mordisco galo, pero a nosotros nos subía el tigre Tony por las piernas y el Bon Jour nos salía de los labios como un oxígeno bien apurado.

Roncesvalles anidaba abajo, con su vetusto semblante repleto de biografías de peregrinos que allí decidieron tomar el ascensor hasta el cielo. "Un no puedo más", además de enfermedades miles que se engendraban en sus cuerpos los dejaron fertilizando la leyenda de Roncesvalles y el Camino.

Recuerdo el cóctel de nacionalidades, la verbena de olores del albergue...; los setenta de algunos, los veinte de muchos y los treinta nuestros. 
Las sombras se construían bajo literas, aquellos árboles de látex y hierro suponían la umbría bajo la que descansaba. No había nasciturus en contrucción, sólo piernas podando kilómetros del camino y de las etapas...


La Tau se acomodó en mi cuello, no era una garganta de Templaria, pero sí de escritora. Y se agarró a ella, como un chimpancé de su rama... Empezaba el camino, y las agujetas empezaron a crepitar por mis músculos que todavía hoy declaran un fuego pirómano de recuerdos.