por Lynnsinhill

Otra cosa

La juventud había desertado de su pelo. Se retiró un buen día, quizás cuando detectó que sus sueños ya no correspondían a los de un joven. Y se fue, hizo las maletas; se llevó una  maraña rizada y el tinte que mantenía aquello tiznado.

Se piró y dejó el campo libre a todo lo demás. Pronto la calvicie holló aquellas cumbres desprotegidas y el blanco empezó a extenderse como una mancha de lejía

Pero no importaba, porque antes se marcharon los sueños y sin ellos resultaba indiferente ya aquel cambio climático en su apariencia.
El exchico se enjuagó la voz en un vaso de agua, necesitaba aclarársela pues iba a disertar. La audiencia crepitaba como un fuego recién encendido, estaba ansiosa por escuchar. 

Pronto las oleadas de palabras empezaron a llegar. El micrófono las convertía en tsunamis y todas ellas arramblaban con todo: la incredulidad, la ignorancia, el escepticismo...

Había muerto un joven y nacía otra cosa. No se sabía todavía el qué; pero, definitivamente, se trataba de otra cosa.

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