por Lynnsinhill

Del tranvía uterino y no ovárico de Henry Miller


He arrancado un alma del cielo, y la llevo en mi regazo, entre un techo de estómago y un suelo de vejiga. Esto es poesía intoxicada por las hormonas..., qué se le va a hacer.Ya queda menos para deshacer la cabaña de mis entresijos...

Leo a Kerouac y su Big Sur. ¿Debe darme pena? Él se queja del alcohol, es el líquido perverso que le deja inanimado mientras a su alrededor sopla un viento de prosa..., pero él está alcoholizado y esas brisas se le escapan de entre los dedos.
Me quedan cincuenta páginas para acabar mi novela y mi alcohol es Internet... Es él el que me enturbia y digiere mis horas como un vulgar snack, pero es mi vida, mi tiempo y para mí siempre será comida de Ferrán Adrià. 

Debería confiar la tarea a mi útero. Él empieza y continúa. Trabaja las 24 horas, no se queja, construye con ahínco, va madurando los rincones, puliendo los ojos, regando el cerebro con una regadera repleta de la mejor sangre (la de una madre)... Así transcurre su día. 
Publicará en unos meses y firmará su primer trabajo. ¿Podría confiarle mi novela?

Mi cerebro como un útero, sería perfecto, la solución a estos abortos recurrentes de mi mente.

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