por Lynnsinhill

La sabia costumbre de firmar libros

Hoy tengo la oportunidad se sentarme tras la barra del escritorzuelo, fabricando firmas y dedicatorias en ejemplares de un libro en los que danza un cuento mío. Los niños se arriman y sus padres les hacen de cicerone en esto de reclutar firmas.

Hay que ponerse el disfraz de interesante..., y desempeñar el oficio. Qué poco me gustan esas parafernalias, pero la niñita de al lado, con 17 añitos de literatura precoz, se siente como un calamar a la romana en una terraza de verano. Yo no. Yo soy un sushi expatriado y mi nombre rechina en cada firma: no lo habré engrasado.
La niñita sonríe, es un aparejo de sonrisas, cada lector que se le acerca es como una monedita colándose en su ranura de esbozasonrisas. Yo soy un tibio taller de sonrisas, me va lo artesanal..., no voy al por mayor ni tengo un máster en firmas.

Esta niñita es todo un portento. Lo ha sido en otras ocasiones y en ésta andará también inspirada como un Tolstoi adolescente. Ella piensa que firma Guerra y Paz...

A mí se me mete el marciano dentro, el ETE que hay en mí empieza a escribir cosas raras... Prefiero quedarme fuera, como público. Si alguien quiere suplantarme la personalidad..., le doy las señas de mi DNI.

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