por Lynnsinhill

Se me ocurre un título, lo diré después

El ascensor sube y baja, con sus carrillos llenos de gente, con la boca a punto de estallar..., la deja estallar en el piso tercero y en el cuarto. Qué muchedumbre tan poco peregrina del Camino... A algunos les duele el ejercicio físico, a otros, la edad.

Fuera, en el parque los niños despanzurran su voz en el silencio y los quinceañeros se preparan para escuchar el chachachá de los años 10 en su garito.

Un tipo se atisba a lo lejos y la zanahoria de un huerto urbano levanta su copa verde para verle pasar. 


A la hortaliza le han contado historias, leyendas acerca de un sujeto que patrulla los parques en busca de quinceañeros a los que les gusta el palique en los bancos y un módico alcohol regándole el buen humor que luego cosecha sus risas y sus lamentos. Al parecer, el tipo los hurtaba y ya nunca más volvía a saberse del jovenzuelo.


¿Será ese del tipo que le habían hablado? ¿El hurtador? ¿El temible llevaquinceañeros?


Lo miró, se acercaba, veía sus ropas, lo tenía a un palmo, distinguía sus rasgos, sus ojos, su boca, sus dientes, su lengua..., su estómago.


Título: Los tipos que no amaban a las zanahorias (o sí)

Cambio climático

Me toca racionar el tiempo. Voy a sacar mi cartilla de racionamiento de letras y a ver cómo reparto el tiempo. Empiezan a insinuarse en mis entrañas nuevas responsabilidades, son todavía pequeñas; un pequeño tallo acosado por las inclemencias meteorológicas. ¡Quién sabe si acabará en árbol!

Voy por mi segunda novela, aunque me he quedado atorada en la página 139 y me acosa una airada imaginación con su dedo estirado cual madre "reprendedora".  Pienso acabarla en el 2011, firmo aquí el acta, ante el notario de Internet me comprometo a ello. De lo contrario, se me retirará la facultad, las letras se pirarán de mí, la imaginación anidará en otra cocotera... y yo me quedaré seca de arriba, como un Sáhara: sólo viento y arena por donde antes bullía una selva amazónica. Sería el cambio climático perpetrado por mi pereza.


Así de sencillo. Ay, pero yo soy de Greenpeace...

La sabia costumbre de firmar libros

Hoy tengo la oportunidad se sentarme tras la barra del escritorzuelo, fabricando firmas y dedicatorias en ejemplares de un libro en los que danza un cuento mío. Los niños se arriman y sus padres les hacen de cicerone en esto de reclutar firmas.

Hay que ponerse el disfraz de interesante..., y desempeñar el oficio. Qué poco me gustan esas parafernalias, pero la niñita de al lado, con 17 añitos de literatura precoz, se siente como un calamar a la romana en una terraza de verano. Yo no. Yo soy un sushi expatriado y mi nombre rechina en cada firma: no lo habré engrasado.
La niñita sonríe, es un aparejo de sonrisas, cada lector que se le acerca es como una monedita colándose en su ranura de esbozasonrisas. Yo soy un tibio taller de sonrisas, me va lo artesanal..., no voy al por mayor ni tengo un máster en firmas.

Esta niñita es todo un portento. Lo ha sido en otras ocasiones y en ésta andará también inspirada como un Tolstoi adolescente. Ella piensa que firma Guerra y Paz...

A mí se me mete el marciano dentro, el ETE que hay en mí empieza a escribir cosas raras... Prefiero quedarme fuera, como público. Si alguien quiere suplantarme la personalidad..., le doy las señas de mi DNI.

Un nuevo mausoleo

Hace poco que me he mudado y ahora tengo que averiguar si mi imaginación carbura bien en este antro que grita decoración. Ahora rezuma un minimalismo involuntario, las paredes blanquean y añoran el color de un cuadro o de un algo con ínfulas decorativas. 

Pues bien, ya no hay perros sentados a la vera de nada, ni roncando como osos que hibernan en mi casa. Nada, ese "aparato de música" me mira ahora desde otro ecosistema más bonito que éste. 
Ahora me toca ponerme a la batalla, siempre estoy con prórrogas, aplazamientos, y postergando. Parezco una burócrata de la literatura. Siempre le digo a la inspiración eso de..."vuelva usted mañana".