por Lynnsinhill

El rojo que se comió mi inspiración

Escribo bajo el influjo de un atardecer rojo, como el de Tom Cruise cabalgando sobre su moto en un fucsio Hawai de Top Gun

Los palmitos se zarandean, es el otoño que les impone su música de viento y frío. La piscina verdea con las ranas lanzando al atardecer su mirada tiesa y estática (como de hipnotizador susurrándote: duérmete, duérmete...).

La montaña del fondo se muestra con un halo naranja, una corona que se disipa engullida por el negro. ¡Ñam! ¡Qué rico estaba el día de hoy! El pino mantiene su hojarasca de imperdibles, horquillas y agujas. 

Y sí, si estuviera en una isla desierta seguiría escribiendo.

800 kilómetros

Este año fui peregrina durante 800 kilómetros. Y traté de escribir mis sentimientos. ¡Qué novedad! Todos los peregrinos parecemos futuros premios Nobel de literatura por la pasión que ponemos en nuestros diarios. Por la tarde, siempre, se oía la tinta correr por las libretas, como emisarios del Pony Expréss... contando con ínfulas lo que había sucedido en la jornada. 

Yo casi siempre andaba observando, me compré una libreta por remordimiento..., y a Juan Rulfo en Pamplona. Pero sólo logré escribir un par de días, poca cosa. Debería haberlo hecho, pero no tengo instinto de imitación. 

Si los demás escriben, mi verbo se pone elitista... Menudo idiota, no sabe que los motores se estropean de no usarlos. 

Otro día: empiezo a volver.