por Lynnsinhill

El mejor trabajo del mundo


El perro agitó su hocico, como un jinete oscuro olió el aire en el que se agitaban atrapados miles de olores de un sabroso desayuno. Era un pastor alemán, pero un lindo pastor alemán llamado Athos y educado para respetar a su ama, aunque fuera una mujer. De hecho, la había seguido desde su casa: una villa toscana con jardines rebozados de esculturas subrrealistas y de mosquitos en su tránsito hacia el trabajo a recibir su nómina de sangre. 

Los dos turistas se toparon con el perro mientras desayunaban en los jardines del hotel con encanto. A su vera, una pequeña capilla familiar guardaba los restos de un tal Rossi, morto tras una longa e penosa malatia, según rezaba su chivata lápida. Pero Rossi no molestaba, encarnaba a un tipo tranquilo que ronroneaba desde su cama de ladrillo centenario, mientras ultimaba los planos para su próxima vida ya que quería escabullirse de las longas e penosas malatias.

El pastor alemán imitaba a Rossi. Sí, ronroneaba pero con el corazón a todo gas y haciendo planes para su próxima comida. Su ama trajinaba cerca, la había seguido desde su casa por la carreterita estrecha como un espagueti del número uno, y se había apostado bajo el manzano como un marido paciente que va a recoger a su mujer al trabajo.

La pareja continuaba con su desayuno, la dueña del perro trabajaba después de haber reñido al aventurero perro por sus ínfulas de Frodo, Rossi ultimaba su advenimiento con la emoción de un niño, y Athos, desde su manzano, escribía cartas de amor con los ojos a la comida de los viajeros.

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