por Lynnsinhill

El hombre de zapatos marítimos



Los zapatones del hombre sonaban como si estuviera en la cubierta de un barco, ese chirrido evocaba la madera de un barco de Conrad o de un Martin Eden de Jack London. Le venían grandes y el plástico rezumaba sonidos marítimos.


Siguió caminando por el vergel toscano. La carretera se estrechaba como un mal bicho, parecía que quería matar a los conductores en cada curva... Tenía curvas de Rita Hayworth y estrecheces de cintura de Escarlata O ´Hara. A su alrededor la Toscana se expandía como una maravillosa alfombra de Cachemira: era verde, salvaje, alta, arrebatadora y embriagadora como unos lingotazos a un jerez de John Wayne. 


Otro Jerez, otro jerez... y el Alfa Romeo se puso romántico ensartado en aquel paraje. El hombre de zapatos marítimos lo observó a lo lejos, al automóvil, enseguida lo engulló un zarpazo de maleza y vegetación. 


Era finales del mes de agosto y la ruta del chianti (un vino) continuaba recibiendo a toscos norteamericanos que aparcaban en aquellos castillos reconvertidos en bodegas. 


El hombre de zapatos marítimos sonrió. La ciudad de Siena le aguardaba al final del camino y el sabor del chianti le subía como una gasolina para el buen humor. 

2 comentarios:

Socretino dijo...

Hola, Lynn, bienvenida. Buena lavada de cara que le has dado al blog.

¿Sabes que la Rioja es igual (e incluso más bonita) que la Toscana? Impresionado me quedé el año pasado de su belleza "italiana".

Saludos salvajes.

Lynnsinhill dijo...

¿Pero cómo te llamas ahora socretino? Bueno, ya tocaba reforma en la República Independiente de mis letras. Sí, y Montanejos, en Castellón, también es muy "toscano".

Y cómo andas tú?