por Lynnsinhill

El hombre de zapatos marítimos



Los zapatones del hombre sonaban como si estuviera en la cubierta de un barco, ese chirrido evocaba la madera de un barco de Conrad o de un Martin Eden de Jack London. Le venían grandes y el plástico rezumaba sonidos marítimos.


Siguió caminando por el vergel toscano. La carretera se estrechaba como un mal bicho, parecía que quería matar a los conductores en cada curva... Tenía curvas de Rita Hayworth y estrecheces de cintura de Escarlata O ´Hara. A su alrededor la Toscana se expandía como una maravillosa alfombra de Cachemira: era verde, salvaje, alta, arrebatadora y embriagadora como unos lingotazos a un jerez de John Wayne. 


Otro Jerez, otro jerez... y el Alfa Romeo se puso romántico ensartado en aquel paraje. El hombre de zapatos marítimos lo observó a lo lejos, al automóvil, enseguida lo engulló un zarpazo de maleza y vegetación. 


Era finales del mes de agosto y la ruta del chianti (un vino) continuaba recibiendo a toscos norteamericanos que aparcaban en aquellos castillos reconvertidos en bodegas. 


El hombre de zapatos marítimos sonrió. La ciudad de Siena le aguardaba al final del camino y el sabor del chianti le subía como una gasolina para el buen humor. 

La corriente se lleva un post




Hace tiempo de esto. Tantísimo tiempo que las teclas de mi ordenador se han convertido en Antártidas que no sé si conseguiré deshelar.Tanto que dudo de que el cambio climático exista para ellas. De todos modos insistiré, puede que mi imaginación algún día logre descongelar una buena historia; la sacaré del congelador y esperaré pacientemente a que pueda moverse de nuevo y luego me sonría: una boca medio ulcerosa y algo contraída por la timidez.


Ah, qué placer casi orgásmico siento al enredar mi verbo de nuevo en la red. Lo subo al escaparate de las búsquedas googleanas, lo lanzo al ancho mar de las pantallas parpadeantes, beso su estampa antes de marcharse y grito de placer porque se va, se va, lo aleja la corriente... y las olas se lo zampan de un mordisco espumoso.

Ya no está; pero el placer que he sentido todavía aletea en mi vagina 

mental.