por Lynnsinhill

Trabajando



Vengo de merodear por el Sena. Ya lo sabéis, cubro el puesto de Hemingway. Mis perros y yo paseamos. A algunos los he tenido que sacar de sus tumbas, plantarme delante de ellas y decir "abracadabra" y ellos han salido hermosos y jóvenes para asaltar París a mi vera. Su trote es el "tam tam" de mis pasos y sus bocas son profundos túneles de saliva y molares deseosos de cazar conejos, gatos o erizos. "Nada de eso, chicos", les digo, "En París sólo se pueden cazar sueños". Parecen entender y sus bocas se relamen ante la perspectiva sabrosa del sueño, esa sustancia divina.

Somos cinco y seguimos trotando como una manada neanderthal y bohemia. Mis perros me sugieren rutas, monumentos, calles, restaurantes... Parece que han estado aquí antes.

Uno de ellos me habla de alquilar un bote y remar por el Sena como robustos "Maupassantantes" antes de adentrarse en la locura. A otra la idea de verse sitiada por el agua le espeluzna y le hace sentir nostalgia de la tumba (tierra).

"No iremos, tranquila. Nos quedaremos aquí, bajo el cielo y sobre el suelo", le digo a mi adorada can.

Ella sonríe. (Por supuesto que puede sonreir un perro). Hoy he escrito un par de cuentos, unas crónicas y mi trabajo ha sido casi tan fecundo como el del sol. Estoy contenta. Si me aplico, podré promocionar hasta el puesto de persona eternamente feliz.

Profesiones para tiempos de crisis




Hace tiempo que no escribo, ni aquí ni allá (en mi segunda novela), pero la atmósfera está caliente y una primavera de ideas comienza a despuntar en la terraza de mi persona.

El destino quiere que escriba, entiendo que así lo quiere pues no encuentro trabajo, pero, si lo pienso, resulta que el FATE desea que el mundo se plague de artistas puuesto que nadie encuentra hueco laboral y otros muchos lo pierden. Bien, pues seamos artistas... resucitemos París; saquemos de sus tumbas a Miller, Joyce, Hemingway, Picasso y a Ford Madox Ford... Adiós, escuelas de negocios. Bye, bye, hombres de provecho económico. Empieza a crepitar el verso en los balcones de la rue no sé qué y París vuelve a ser una fiesta.

Bien, pues no me emperro en decirle al destino que no, acataré las jornadas a la vera del Sena y en sus cafeterías alimentadas por la docta clientela del Louvre. Ay, he rellenado el formulario de la oferta de trabajo ya. He enviado mi "application job".

Ya tengo trabajo! Adiós, cola anfibia del INEM. La oferta decía algo así:

Se busca un Hemingway, no importa el sexo, valen mujeres. Tendrá que residir en París y escribir, escribir y escribir. Pasará alguna estrechez económica pero será feliz, tremendamente feliz.

Me han dado el puesto y parto para allá con la emoción del primer día de trabajo. En el trayecto en tren, puedo leer el periódico. Hago un vistazo rápido, de tipeja laboralmente satisfecha, a la sección de clasificados y leo lo siguiente:

Se busca un Scott Fitgerald. No importa el sexo. Deberá vivir una tormentosa relación con su pareja (su esposa, Zelda, estaba loca) y vivir en París. Su trabajo será escribir y vivir. Interesados envíen currículum vitae a...

Levanto la vista, emponzoñada de emoción ante la perspectiva que se avecina, y pienso que el arte siempre tiene un mercado laboral que ofrecer...