por Lynnsinhill

La delegación de escritores




Acabo de dar esquinazo a Ibiza y me he venido para acá. Pero no voy a volver sobre el asunto del que hablé en el piso de abajo. He venido a desfogar mi verbo y a dignificar mi imaginación.

Ayer se me ocurrió un argumento, suele pasarme cuando la cama y la manta se confabulan para que me desplome en un sueño de ocho horas. Por unos momentos creo que la idea pescada estará mordiendo el anzuelo hasta mañana, pero al día siguiente el pececillo se ha pirado y pongo cara de estreñimiento mental porque sé que la historia está ahí, en mis intestinos imaginativos, aunque se niega a asomarse. (Puede ser que esta metáfora sea un horror. De hecho, lo es. Pero un blog no es un sitio de censuras).

A ver:

Tolstoi ha venido a visitarme. Es el delegado de una representación de escritores de la talla de Zola, Víctor Hugo, Fitzgerald, Dostoievski...

Me trasmite el mensaje de todos:

-Eres nuestra esperanza. Sólo creemos en ti para seguir haciendo literatura. Pero no eres la única, hay más como tú, pero están desmoralizados y aplastados por el gremio editorial. Encuéntralos y lidera esta revolución contra la era del bestseller histórico. Zafón y los suyos no pueden seguir haciendo de las suyas. Sus fechorías literarias amenazan al mundo de la imaginación.

Yo asiento. Qué tremenda misión. Ahora soy John Connor y busco a los supervivientes de este holocausto que ha aniquilado a la literatura.

Ciudades del mundo

A Lynn le están hurtando los argumentos, se los están robando poco a poco con la estrategia del trabajo; ésa que la tiene horas sentadas dando la vuelta al mundo para poner en marcha cientos de páginas web al respecto.

Menuda paliza de monumentos, economía del lugar, cómo llegar y gastronomía de la zona. Desde entonces, he comido en decenas de países, pero tengo el culo plano de no moverlo de mi silla sedentaria. ¿Existen los viajes virtuales? Sí, los que yo hago sin despegarme de mi tercer brazo (teclado) y de mi cara antirreflectante (pantalla). A pesar de que ambos somos portátiles, ninguno de los dos se mueve y seguimos amarrados a puerto. ¿Creéis que quiero viajar? No, simplemente quiero quitarme el lastre de las ciudades de las que tengo que hablar como si mi retina y ellas se conocieran. Tendré que llamar a Braveheart para que me liberte, mi causa es casi tan grande como la de Escocia.