por Lynnsinhill

Sillas con oídos



Enfrente un restaurante especializado en despachar calamares abrigados con pan.Una mayonesa les sirve de perfume. Las mesas, desmigándose por la calle al amparo de un acatarramiento de motores y una espina dorsal de humos, y dos mujeres en la cincuentena prodigándose mimitos verbales:


-Tienes que encontrar un hombre que te quiera.

La que habla alza la vista. Lleva una falda que la ciñe como las manos de un hombre, la envuelven en un abrazo floreado y alegre mientras su carmín besa vasos cilíndricos. En su interior habitan pequeñas Antártidas en deshielo por el cambio climático de julio. Creo ver a un oso polar emigrando hacia la extinción.

Su interlocutora calla y medita. Endereza su sonrisa de vez en cuando, pero está a punto de desertar de esos labios... puede que no vuelva nunca más.

"Bye, bye, sonrisa. Puede que te escribamos una canción".

-Esos hombres con los que te juntas son basura. No merecen la pena.

-Ya lo sé, pero dónde encuentro a los que valen la pena -se queja la de destino cruel.

-Tienes que salir más, arreglarte... Tú vente conmigo. Vas a pasarlo mal durante unos años, pero saldrás de ésta.

Parecería que la exitosa aconseja a la fracasada, que la lista y dotada de GPS vital limosnea unos consejitos a la perdidilla, que el marido de corazón principesco y de tonos azules aguarda a la primera con una retahíla de poemas de amor bien aprendidos, pero ahí la oreja de la curiosa narradora se tropieza (casi se rompe los dientes en la colisión) con una frase:

-Yo tengo un amor platónico... que es mi marido.


La nota del camarero pone fin a la escena. Diez euros por un bocadillo suena excesivo.

1 comentario:

spanjaard dijo...

Lynn, precisamente yo he estado últimamente dando vueltas a los bares del calamareo de Madrid. Feliz coincidencia. Happy trails y a seguir estirando esos dedos.
SPJ