por Lynnsinhill

Las partículas deprimentes



La cara se colorea. Se vuelve de un rojo patriótico y los ojos... en los ojos, si los quitamos, tenemos dos túneles. Pero están ahí y, por ahora, no se piensan mover; su mirada es inamovible, no van a dejar de mirar... por lo menos esta noche.

Resulta que el sujeto está leyendo a un tal Houellebecq; de apellido chulo, rimbombante (de Rimbaud?) pero de estructura mental tan deprimente como un fin del mundo.

Ha pasado un par de noches con él en la cama, Houellebecq y él juntitos entre las sábanas a pesar de la heterosexualidad de ambos. Lo estuvo leyendo entre las 23:00 a 24:00 horas, como un somnífero de la fábrica Anagrama. Todas las noches la prosa simplona de H. le acuna con su contingente de labia marcado a veinte euros el signo de puntuación...

El lector lee, porque es lector y es la segunda intentona, no puede dar media vuelta; la retaguardia ya no existe para él. Avanti por los raíles de la novela...

Llega la cháchara de una tele con sus diatribas económicas (!!hay una crisis!!, por si alguien se había sustraído de la realidad), de modo que ahí tienen la macedonia de voces discutiendo sobre el evento bursátil. Pero el gabacho sigue poniendo a la vera del suicidio a sus lectores... Le gusta verlos apagando las lamparitas con los rostros deficitarios de salud, los labios palpan las palabras: "qué deprimente es este tío".

Giran la contraportada para captar al autor con su rala pelambre molida a vida parisiense y porque... tienen derecho a ver el rostro de su asesino.

Un día de éstos, míster Houellebecq, un día de éstos...

3 comentarios:

Aída Ríos dijo...

Hola!
he visto tu comentario, sí, sigo buscando gente que quiera hacer cosas. si propones algo mándamelo a mi correo electrónico: imi_xunai@hotmail.com

un saludo!

Emilio dijo...

Creo q te equivocas de medio a medio.

Lynnsinhill dijo...

Si a ti te alegró el día, mejor para ti.