por Lynnsinhill

¿...?


El perro se puso a ladrar. Era de noche y su mancha blanca en el pecho flotaba como un fantasma aguerrido... El resto de su cuerpo, de un marrón atigrado, no se veía: como si alguien hubiera apagado las luces en la mansión canina, sólo la mancha blanca danzaba con su "wof, wof", a cuenta de un "uhh, uhhh" fantasmal.

Cuando el hombre se aproximó a su can, el tren empezaba a pasar. Todo su tinglado interior se revelaba gracias a las lamparitas de los pasajeros... ¿Crees que dormían? Maldormían. Cuando la chica se subió en la estación de Bruselas, ya eran más de la una de la madrugada, y las almas interrailistas desparramaban sus miembros cansados por los curtidos asientos.

No fue fácil encauzar los pasos por aquel pasillo mordisqueado por pies, brazos y cabezas inconscientes. Después un asiento frente a una pareja fue la cama que el azar inventó para la chica.

Pasaron horas de sueño y, tras el cristal, cerca de las siete de la mañana, comenzó París.

2 comentarios:

An dijo...

Escueto pero ( como todos tus textos) interesante :) yo lo titulariaonirica :) por que la sensación que me causas es esa, una sensación de un lugar onírico a pesar de las referencias reales :) Saúdos e apertas preciosa. Mil besos

Lynnsinhill dijo...

Hola, An:

Supongo que la "superreferencia" real es la inspiradora mancha blanca de mi perro; lo demás son recuerdos mutados geneticamente.

Saludos