por Lynnsinhill

El día en que Hemingway entendió lo que era la vida gracias a un androide



Todos los móviles empezaron a brincar como ranas. Dios mío, ¿tanta gente había echado de menos, en esas milésimas de la vida, a aquel fragmento de humanidad sumergida?

Las manos empezaron a desenvainar móviles; todos ellos con sus pantallas atragantadas de letras... Tenían ansiedad por contar... y algunos daban sus pataditas de niño en gestación dentro de los bolsillos de sus padres...

Don Hemingway no era menos. El suyo era un sanote modelo puntero y, en su pantalla, una minúscula Torre Eiffel frotaba su esqueleto naranja con un cielo enfermizo y a punto de desplomarse en una lluvia.

Ernest se regocijó con la contemplación de la muchacha parisiense. Ahí mismo, una locuela de vestido naranja despatarrada sobre la superficie de la Cité.

Cuando el vagón de metro se encajonó en la siguiente parada, don Hemingway se acarició la plazuela de sus mejillas. Estaban tan rasuradas, tan llanas y sin atisbo de vello desmadejándose sobre su barbilla... que no quedaba más remedio que catalogarlas de plazas; dos plazas de toros soleadas.

Ya sé que este tipo era una barba de pescador en una constante fiesta parisiense... Pero tampoco empleaba un móvil... Y mucho menos último modelo... Pero no importaba porque Ernest se había citado con don Philip K. Dick para debatir sobre la esperanza de vida de los androides.

Cuando se arrellanó en la butaca del café, K. Dick ya iba por su sexto té verde.

-¿Cómo hago para desenlazar la historia? ¿Qué se te ocurre? Estoy seco...

-El toreo es la respuesta para todo. Es un arte que sólo los ignorantes tachan de barbaridad -dijo Hemingway madurando una extraña respuesta.

-¿Y qué tendrá que ver?

-Bueno..., piénsalo bien. En realidad, los toros son como esos androides...

-¿Como esos androides?

-Son felices, pero ignoran cuándo van a morir. Tus androides son mortales y eso les atormenta: la muerte. Es obvio... Quieren saber cuándo morirán.

-Los seres humanos prefieren ignorarlo.

-Oh, querido K. Dick, ya he entendido tu libro -replicó omnubilado-. Creo que puedo volverme a mi siglo y mis corresponsalías. Y juro que en mi próxima vida no me suicidaré. Mi fecha de caducidad la decidirá el destino y no mis miedos.

1 comentario:

Nesty dijo...

estan buenos los cuentos, no se hasta que punto estan relacionados con la realidad.
Tengo una web en la que publico algunas cosas, la mas reciente es mi primera inclusion en la narrativa. te la comparto para que veas y opines y la compartas con tus colegas y amigos.
http://vivacubalibre-habana.blogspot.com