por Lynnsinhill

El alfaguarero don Santiago Rocangliolo


Una vez el alfaguarero Santiago Rocangliolo escribió una entrada nada sabia en su blog.

Recuerdo cuando el muchacho era una maqueta de escritor de la editorial susodicha. Debutaba en el Gran Mundo con su Pudor y su apellido había que ensayarlo un par de veces con la lengua para poder salir airosa de aquel trabalenguas peruano.

El Rocangliolo era un hotel Bali construido en la costa de Benidorm y eran necesarias las huestes de la mercadotecnia... y qué mejor que darle el dossier de prensa de su primer libro a los alumnos del máster de la Agencia Efe.

Pues bien, recuerdo su entrada, su nada sabio post, amnésico de sus comienzos, del primer paso por este mundo de letras...

Hablaba de un chico que se le había acercado con su primera novela, con sus mil folios de primera novela... quién sabe si era Joyce reencarnado en debutante, si era Cervantes con un escrito sobre la reencarnación del Quijote...

Daba igual. Don R. se puso gordo con su verbo irónico. Se creyó en el filo de la grandeza, y se puso a divagar como sólo a los grandes les estaba permitido, pero esos ya están muertos e incluso se ayudaron entre ellos (Maupassant fue discípulo de Flaubert). Pero eran otros tiempos, tiempos de grandes.


La grandeza de los escritores duerme en una tumba y muchos (escritores) de los que andan por el mundo, sólo escriben blogs e historias para dar dinero a la Editorial que manda dossieres a los alumnos del máster de turno.
Sé que la maqueta funciona, que los planes urbanísticos salieron tal como se planearon. Pero Rocangliolo es un edificio que nadie querrá mirar pasados cien años.


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1 comentario:

El Buen Salvaje dijo...

Lynn, los "héroes" de hoy no pertenecen al mañana. No importa cuánto tuido hagan en el presente que el futuro acallará sus desmanes.

Tantos escritores ignorados. Tantos genios desaprovechados.

Siempre que leo a mi hermano no puedo evitar sentir rabia por la poca difusión de su obra. Tampoco él contribuye a darse a conocer, porque los genios nunca necesitan reconocimiento, pero a los incondicionales nos da mucha rabia.

Siempre me queda el consuelo de la historia de John Kennedy Toole.

Saludos salvajes.