por Lynnsinhill

Toda mi vida he sido un...


Si tuviera que contestar a la trascendental pregunta de mis razones para esto; para escribir, diría:


Que de otra manera no puedo existir, que de la otra, sin escribir, sólo existe mi cuerpo, y que mi mente se contrae bajo el andamio de piel y huesos.


Que si no lo hago, la mente se rebela y empieza a segregar venenos, los de la mala conciencia. Que desde que tenía los mínimos dígitos navegando sobre la tarta de cumpleaños, he tenido esto ahondando y perforando el organismo en busca del petróleo de mi "talento".


Que Toda mi vida he sido un detective fue mi primer proyecto de letras cuando todavía los seis años se atrincheraban como duendes en mi sonrisa, que desde entonces lo he sido, que podría haber subtitulado Toda mi vida he sido un escritor, que da igual que lo consigas o que no, pero que el intento y este dulce preámbulo, las puertas del templo al que se quiere entrar, son una mágica contemplación cuando sabes que, algún día, estarás dentro.

El banco en números rojos


La salud es un ser sin importancia, una nebulosa de posesiones, una abstracción metida en el banco cuando una es una criaja y la abuela regaña por difamar el buen nombre de la salud con un "Bah" ignorante cuando se habla de ella.

-Yo pido dinero y una casa grande con perros. La salud no importa -dice la niña con mejillas redondas e inmunes todavía al aplastamiento de los años.

Y la abuela frunce esa piel enfurruñada ya, porque no hay manera de planchar sus enfados que han quedado como estatuas en su rostro.

Después, como es normal, los años pasan. Y la salud va adquiriendo forma, y el banco empieza a perder el crédito que tenía cuando todo esto empezó: la vida.


Nota: ando bien de salud, (es una reflexión) y todos los míos (nuestros) también, que no se alarme la hermana en el otro continente.

POR FIN, SONARON LAS CAMPANAS


¿Qué es lo que ha pasado? Una no sé qué técnica ha venido y me ha dejado los próximos meses patas arriba. La última en llegar es la primera en irse cuando estas cosas se ponen a rugir en las empresas: una quiebra técnica.


Si, en realidad, yo estaba deseando que sonaran las doce campanadas para escapar.Entonces, ¿por qué esta cosa rara? Es que así no tenían que sonar.


Al menos sigo siendo una freelance para el periódico de inmigrantes.


Novela mía, si tú quisieras, quizás esto se acabara. Pero sigues ahí anónima y esperando a que mi mente se desempache de ti para volver a empezar. A ver cuando el mundo se empacha contigo...