por Lynnsinhill

MOULIN DE LA GALETTE


Tengo dictada una orden de alejamiento. Pero expira dentro de una semana, hasta entonces no me podré acercar a mi novela.

Será lo mejor, la he releído tanto que las letras ya no se pueden ni ver y mi objetividad tiene un empacho de mi prosa.

Estoy segura de que es lo mejor, mientras tanto trabajo un poco y leo retóricas e imaginaciones ajenas que ya se encumbraron y ya fenecieron.

Pero es que necesito escribir y por eso estoy aquí. El mono de la heroína de la novela trato de curármelo con algo más light: un blog.

¿De qué puedo hablar? No sé, no quiero inventar historias. ¿Podemos hablar del Moulin de la Galette? Sólo puedo ver una foto suya, parece que está al lado del cementerio de Perè Lachaise, a un paso de la tumba más ilustre.

Me traje esa agenda de París hará siete años, en un interrail experimental donde quise toparme con los mal muertos (ya saben, esos que están a medio morir, que tienen ataudes y la nada de polvo por cuerpos, pero siguen diciendo mucho en este mundo). Me fotografié con Balzac, aunque yo, por entonces, no había leído nada suyo pero el por si acaso y porque lo leeré en el futuro sonó en mi cerebro.

Entonces los dos estábamos lejos; él muerto y yo muy viva. Pero los años son una carretera que se recorre y nos acercan.

Moulin de la Galette, suena a juerga desenfrenada pero elegante. Negros sombreros tiznando el día, y puros agarrados al contorno de mil sonrisas de ricachón.


Me largo, mañana seguro que sigo necesitando un chute de esto.