por Lynnsinhill

El sol y el niño


-Yo no he inventado el calor. Es el maldito traje que me viene demasiado largo y lo tengo que arrastrar por la faz de la tierra, como una novia con una cola apabullante.

El que habla, agitando sus mofletes incendiados, es el sol. Bajo él pasean unos cuantos incordiados con el volumen del "vestidito" de dama casta, a punto se poner su vientre al servicio de la reproducción, que luce el rechoncho de las alturas.

-¿Dónde está el niño que me prometieron? Dijeron que me ayudaría a levantar todo esto -dice, juntando y desjuntando sus labios ardientes.

-Ay, el pobre murió hace tiempo, nada más tocarte se desintegró porque todos sus átomos se alteraron. Fue como si una bandada de pájaros rompiera a volar, pero era él quien se rompía en miles de pedazos -replicó alguien que se untaba de arriba abajo con un espeso repelente de sol.

El sol y el untado se miraron intensamente. Una lágrima se pavoneó en uno de sus ojos solares, y cayó de la misma forma en que cae un puñal, pues al segundo el sol se apagó y, por lo tanto, murió.

6 comentarios:

An dijo...

Un poco triste, pero muy hermoso relato...un beso

Groucho dijo...

A veces sí dan ganas de apagar el Sol, pero la Luna... ¡la Luna no dan ganas de apagarla nunca! (excepto si eres un hombre lobo)

Doctor dijo...

Interesante post, yo apagaría el mundo...

Doctor,
Crítico de blogs

Raúl Durán dijo...

Joer... deja al sol vivir, pobre. Dejemos esa lágrima en un chaparrón de verano

tootels dijo...

Ánimo a todos los soles, incluida tú!!! Relato precioso.Besitos de mariposa.
NUNCA MAIS

La parte que faltó dijo...

no me gustaría que se apague para siempre el sol. Es simpático los días de frío, cuando aprece y hace que te pases al otro lado de la vereda, porque en esta hay sombra y en la otra da el solcito. Pero otros días, los días en que te quedás en casa con cuarentaynuevemildoscientostreintaydos ventiladores para que calmar un poco el suplicio producido por el sol... bueno, me conveciste, ¿cuanto cuesta el repelente?