por Lynnsinhill

LA CARTILLA DE MAFALDA

Vuelve a pasar y a repasar la calle con sus pasos.

Después entra en el cajero, le da la papilla a la máquina, bien masticada, abierta por la página correcta, y deseando saber si por fin ha cobrado.

-No hay anotaciones pendientes -enuncia ella en su reluciente barriga electrónica.

De modo que, sigue a cero, hueca, si tamborilea los dedos sobre ella puede oír su repicar de objeto vacío. Es el momento de la fe, de creer en la humanidad, de olvidar que existen aprovechados que no pagan el trabajo desempeñado.

Ella decide creer, mete la cartilla en el bolso y callejea hasta las mismísimas puertas de la delegación de Dios en su ciudad: la Iglesia.

Se introduce sinuosa, reptante como la serpiente de Eva con afán de confesión y arrepentimiento.

-No quiero seguir pecando -balbucean sus labios contritos.

Una vez dentro puede elegir. Los bancos son aparcamientos para los traseros católicos más esquivos del mundo. No hay siquiera ancianas, todas han muerto o han abrazado una fe que les alivia más el alma.

-He pecado -dice clavando su mirada en los ojos de escayola pintada de Jesús.

-He dudado de la humanidad, no creo que paguen mi trabajo y me detesto por desconfiar.

Los ojos de Jesús son de una escayola reluciente, imitan las viejas glorias de las esculturas renacentistas, pero parecen mirar y juzgar como un Rey Salomón emparedado en una catedral.

Ella saca la cartilla del bolso, la mira bien, una última mirada a un ser querido y la rompe con convicción.

-Ya está, se acabó, no volveré a dudar más porque los ojos -dijo metafórica- a través de los cuales mi desconfianza miraba han sido destruidos.

-Gracias, Buen Dios.

Se despidió como Mafalda lo habría hecho.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Quino habría puesto a remojar por ultima vez su plumilla para crear una nueva tira comica y no hubiera dado por terminada su obra maestra si hubiera conocido esta pequeña pero grandísima metáfora de la vida y del miedo, de lo humano y de lo divino.
Soberbio!!

Groucho dijo...

Mi cartilla siempre estaba en números rojos. Cuando la introducía en el cajero, no sólo se la tragaba sino que bloqueaba la puerta y acudían en tropel los banqueros enfurecidos.

Por suerte yo estaba avisado y mantenía la puerta abierta con el pie, dándome entonces a la fuga con elegancia y presteza.

PETIT COCHON dijo...

esta mujer se ha tomado algo antes de ir a la iglesia ¿no?
pero en fin, esto parece ser una situación normal en un joven que trabaja, estudia mucho, cobra una mierda i tiene un piso compartido con cuatro personas más...

Lynnsinhill dijo...

Las cartillas son delgadas, finas, ya sabe usted Señor Groucho, pero en cuanto las metemos en la máquina es como si hubieramos intentado meter un elefante en el artilugio porque, o bien, le cuesta entrar o no hay quien la saque después.

Lynnsinhill dijo...

Pues que yo sepa no tomó nada, aunque creo que no me lo hubiera confesado, ya sabes, Petit, hay que mantener las apariencias de santo.

Lynnsinhill dijo...

Anónimo, qué rubor se me planta en las mejillas, tú crees? Vaya honorazo sería para mí ver a Quino poniendo dibujos a mi historia.

Mar dijo...

Uff....

"He dudado de la humanidad, no creo que paguen mi trabajo y me detesto por desconfiar"

Me ha gustado mucho esa frase y el relato en general. Tienes mi voto lynnsinhill ý más aún tienes mi lectura asidua, desde hoy.
Ojalá puedas pasearte por mi blog y me digas que tal. Besos desde mi orilla: MaR.