por Lynnsinhill

LA SUAVIDAD PERNICIOSA


Cuando leo a Scott Fitzgerald, sé que he topado con un hombre infeliz. Sólo hay que leer títulos como Hermosos y malditos o Suave es la noche... Ejemplos de ello, puedes sentir y ver a la juventud que decae, como la hoja decrépita de un árbol, mientras Fitzgerald está amarrado por matrimonio a una mujer desequilibrada, caprichosa y extraña: Zelda. Todo son retratos de hombres que son envidiablemente jóvenes, la elite popular de la zona, guapos con un dolor insoportable para el feo, inteligentes y prometedores hasta que la vida les pilla los dedos.


Si alguien lee París era un fiesta, de Heminghay, encontrará un retrato puro del escritor: Inseguro, hipocondríaco, con el talento interceptado por Zelda que le hostiga, le aturde con sus locuras todavía sin diagnosticar. titánicamente (es decir, desastroso como el Titanic), no sé, no sé. O tal vez, la culpable es la suavidad de la noche:

Suave es la noche, el título engancha, es como la noche que te pilla enamorándote de la persona equivocada si resulta que las estrellas están fabulosas, que la brisa es un rubor que se eriza en tu cara, y que los árboles son sombras dibujadas por Van Gogh...Entonces, la noche es suave y sus consecuencias... para toda la vida.

Bueno, tras esto, varias conclusiones en la lontananza mental: Tal vez el matrimonio es un ente pernicioso para el hombre talentudo que como en sus libros acaba enamorándose

4 comentarios:

Persio dijo...

loado sea ese encantamiento, porque nos cuesta tanto el amor?
saludos!

Lynnsinhill dijo...

Pues sí, encantamiento es. Y todos necesitamos ser encantados.

Groucho dijo...

Ah, señorita Lynn, la noche es suave, sí, o al menos suave empieza, hasta que al quinto whisky se vuelve borrosa, las estrellas no se están quietas, ni la maldita acera, cuyo bordillo se empeña en morderme los tobillos, y para cuando el telón del alba cae sobre los divinos astros, yo caigo con él en mi camastro aunque con mucha menos gracia.

De esto también sabían mucho ambos, Fitgerald y Hemingway.

Lynnsinhill dijo...

Bueno, Señor Groucho, sus tropiezos espero que no sean con el canto de la acera, mientras sean los tobillos, y no los dientes, podrá sonreir tranquilo.