por Lynnsinhill

THANKS FOR HOLDING (Gracias por aguantar)


-Todos los besos que reciba a partir de ahora serán redundantes.

Un sonido se propagó, ensanchándose en el aire. Era la música que un tren de mercancías insertaba en el ambiente sureño.

-Pues sí. Todos serán redundantes, será como llover sobre mojado, -y erguí mi mirada que hasta entonces había mantenido achantada bajo la visera de la gorra-. Tengo santificados mis recuerdos -dije sonriendo de la misma manera en que lo hacen los viejos, ya sabéis, sustentando mi sonrisa con recuerdos.
-Me voy, tengo clase.


Un tren volvió a sonar, su sonido se esparció como la banda sonora del lugar. Salí, bajé las escaleras y caminé sobre un césped ideal para mis pies que tienen nauseas al asfalto, tanto como mis pulmones odian seguir la estela de humo de algún fumador. Mis ojos tragaban imágenes saludables, barrios verdes, casas parapetadas tras jardines y la cara sonriente de algún americano ajetreando su lengua con un “Buenos días” mientras una enorme sonrisa se extendía desde la mejilla este hasta la mejilla oeste.

-Hace un maravilloso miércoles, ¿verdad?-Dijo un hombre viejo, jubilado, pero con una capacidad bárbara para apreciar los buenos miércoles, alzó su rostro y conectó su mirada con el sol.
-Sí, realmente hermoso -repliqué.

Y ambos no detuvimos a observar el sol que como un mayúsculo gandul andaba tendido entre algodonadas nubes. Reanudé mi camino por un túnel de vegetación, a lo lejos repicó la torre de un reloj entonando el himno americano. Inspiré y espiré.

Las notas goteaban como soldados cumpliendo una sagrada misión. Verde para mis ojos, música patriótica para mis oídos y ante mí una mañana arrastrando todavía los faldones de su camisón. No había americanismo en mi conducta, sino simple gusto por la tranquilidad y la armonía que se extendían como una capa más de la atmósfera.

-Las nueve, las nueve –me dije- hora de ser un guiri del idioma, de hacer turismo por los verbos de la patria anglosajona.

Me deposité sobre el sofá. Fuera, en el cielo, una fogata, la del atardecer, repartía naranjas y rojos.

-¿Sigues diciendo que tus recuerdos están santificados?
-Sólo los de amor –me defendí- los demás apenas los uso, y al final los recuerdos de no recordarlos se olvidan.
-¿Tú crees?
-Yo creo – y sonreí moviendo mi boca hasta el antiguo cauce de una sonrisa.

El jueves sigue al miércoles e inevitablemente amaneció. Entré en el edificio, iba a ver a un pariente, ¿se puede tener parientes a diez mil kilómetros de distancia de tu hogar? En esta era de aviones se puede. Alguien me sostuvo amablemente la puerta. Repliqué “thanks for holding” y sonreí. El gesto se reprodujo en el otro rostro. Ahí estaban las dos sonrisas, la suya y la mía, simultáneas, contemporáneas, saludándose como dos compinches mudos. Tras la exhibición de sonrisas ascendí por unos contundentes y empinados escalones. Estaba en el edificio de la facultad de Ciencias de la Tierra y los escalones eran versiones de mármol del Everest o del K2. Sonreí, siempre sonrío ante un esfuerzo físico, pues sé que mi cuerpo, quejica en apariencia, se pone enseguida contento y satisfecho a contornear músculos.
Por fin llegué. Ahí estaba mi pariente embobado en su despacho tapiado, no hay ventanas, por lo tanto no hay jirones de cielo que pueda interceptar con mi mirada mientras hablo con ella.

-¿Quieres ir a Nueva York conmigo? –me soltó al mismo tiempo que la música de su compañero de departamento intentaba dar una vuelta por mi capacidad de concentración.
-¿Nueva York? , No sé –contesté- Ya sabes que odio las grandes ciudades, no creo que pueda hacer una excepción con Nueva York.
-En fin, piensa que puede ser divertido, aunque sea simplemente para confirmar tus odios.
Mi mirada asiente, “divertirme odiando” –me dije- La verdad es que no lo había pensado y me escabullí a comprarme una cámara para la ocasión.

Las olas son negras y plateadas, y el mar es el trozo de Atlántico que flota ante Nueva York.
-No busques estrellas en el cielo –me aconseja mi pariente- búscalas en los edificios.
Hace un frío terrible aquí en el ferry, un viento helado que anestesia los rostros, pero la ciudad me seduce, aunque sea a lo lejos perfilando su contorno vertical. “
Para arriba, para arriba” –me digo- así crece la ciudad, “como una rara planta de cristal”.
Enseguida los turistas llenan la cubierta, la ciudad posa y ellos también. Rápidamente entran. Nueva York ha sido capturada, y yo me quedo con el frío que se espesa a mi alrededor. En este momento no hay virus, no hay una sombra de enfermedad, ni un resfriado asomando su contorno de estornudos. Sólo frío, escenario mágico donde mis pensamientos están encantados porque levantan la vista y yo estoy solo con esta amante de luces que asalta mis ojos.

-¿Sigues pensando que todos los besos que recibas a partir de ahora serán redundantes?

-No –admito- necesito la mirada de quien dejé lejos, quizás sus labios tengan ya demasiados besos esperándome.

6 comentarios:

mabalot dijo...

Sí, "una rara planta de cristal"... suerte que estás ahí para ver cómo es por dentro esa planta...
UN saludo.

Caronte dijo...

Me gusta el nombre de tu blog, y también tu forma de escribir. Saludos

Luismi dijo...

SIEMPRE CABE


Siempre cabe la posibilidad
de hallar supervivientes.


Por entre los cascotes de corazones
agrietados como rostros enjutos que,
colmados de espera, estallaran
en súplicas mudas una azarosa tarde.

Siempre cupo la posibilidad de hallarte…


O abriéndose paso a través de las aguas,
conteniendo el aire y braceando a la
caza y captura de pelágicos abrazos;
interrogando a los fondos teñidos de negro.

Siempre cupo la esperanza de tu beso…


Siempre cabe la posibilidad
de hallar supervivientes.

Lynnsinhill dijo...

Me alegro de que te guste el nombre de pila de mi blog, si es que, lo kafkiano es intrínseco a nosotros que cada día somos más ininteligibles.

David dijo...

Luego llegó el barco, cargado de caras, y estas de sonrisas. Qué bien estar en Nueva York..., qué asco, me digo. No pude suportarlo antes, cuando cumplí allí mis 17, y no puedo soportarlo ahora, que ya tengo 33...

Lynnsinhill dijo...

Raras plantas de cristal, eso debe de pinchar.