por Lynnsinhill

SUAVE ES


Cuando leo a Scott Fitzgerald, sé que he topado con un hombre infeliz. Sólo hay que leer títulos como Hermosos y malditos o Suave es la noche... Ejemplos de ello, puedes sentir y ver a la juventud que decae, como la hoja decrépita de un árbol, mientras Fitzgerald está amarrado por matrimonio a una mujer desequilibrada, caprichosa y extraña: Zelda. Todo son retratos de hombres que son envidiablemente jóvenes, la elite popular de la zona, guapos con un dolor insoportable para el feo, inteligentes y prometedores hasta que la vida les pilla los dedos.

Si alguien lee París era un fiesta, de Heminghay, encontrará un retrato puro del escritor: Inseguro, hipocondríaco, con el talento interceptado por Zelda que le hostiga, le aturde con sus locuras todavía sin diagnosticar.

Bueno, tras esto, varias conclusiones en la lontananza mental: Tal vez el matrimonio es un ente pernicioso para el hombre talentudo que como en sus libros acaba enamorándose titánicamente (es decir, desastroso como el Titanic), no sé, no sé.

O tal vez, la culpable es la suavidad de la noche:
Suave es la noche, el título engancha, es como la noche que te pilla enamorándote de la persona equivocada si resulta que las estrellas están fabulosas, que la brisa es un rubor que se eriza en tu cara, y que los árboles son sombras dibujadas por Van Gogh...Entonces, la noche es suave y sus consecuencias... para toda la vida.

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