por Lynnsinhill

LA GAVIOTA COLÉRICA DE VICTOR HUGO


Desde que he dejado de buscar trabajo, y parece que lo tengo, estoy más vacía. Más parecida a:

"Búsquenme entre esta caja hueca de mi intelecto y no me hallarán, pues por él sólo corren ráfagas de agobios y cuentos de la lechera haciendo cuentas de vieja".

Ésa soy yo, busco entre las cotizaciones de mis colaboraciones de freelance para saber hasta donde llegará el montante de este mes: si hago ésto, si hago aquéllo, si me olvido de respirar y me pongo a teclear noticias y reportajes arrojándolos como una loca máquina fotocopiadora...

No hay Balzac, las Ilusiones perdidas es una vana lectura que reposa sus lozanas formas sobre el edredón de mi cama, no lo tomaré esta noche, y mañana seguirá su prosa intacta, adormecida... Y Victor Hugo vendrá a gritarme esta noche, entre sueños, acudirá a reprenderme, a alzar su dedo como una gaviota colérica porque Balzac murió por algo, para algo, para que lo leyera, lo leyésemos, enfermó y murió de tanto escribir...

Las historias, las palabras, los personajes, le tenían cercado. "Escribe sobre nosotros, habla sobre nosotros, !Háznos existir!" -le decían esos seres desde las parcelas de su imaginación, desde esos lindes que día tras día intentaban echar abajo.

Cincuenta y un años, y el hombre prefirió morir escribiendo que dejar de seguir, aunque fuera un sólo día, el ritmo frenético de sus ideas de escritor.

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