por Lynnsinhill

Esperando la reedición



Ser un lector libre, es decir, un lector capaz de decidir lo que desea leer y encontrarse totalmente abastecido de las lecturas y autores con los que desea toparse en sus noches ávidas de historias, es una peripecia increíble. Me explico y aporto datos que sustenten mi teoría:


A ver, ¿Quién encuentra los dramas de Victor Hugo aguardándole en la vitrina de novedades de la semana en la librería? ¿Quién puede leer La Hija del Reverendo, de George Orwell sin tener que acudir a un ejemplar harapiento y enfermo de lepra de la biblioteca? Así se rellena de una forma infinita, voraz e inclemente la lista de títulos que una lee por pura fortuna o azares de la vida. Y después están los que nunca se han llegado a ver, son leyendas que circulan por internet, alucinaciones quijotescas.

Normalmente uno está al arbitrio de las modas, dependiendo de las grandes masas lectoras o del marketing que va unido a una película o un centenario, o simplemente a una princesita que regala a su príncipe azul como regalo de compromiso, un ejemplar tan antiquísimo y mono que fue casi parido de la mismísima imprenta de Gutenberg. Así alcanzó altas cotas de popularidad y se convirtió en un superventas del año el Doncel de Don Enrique el Doliente, de Mariano José de Larra. Eso sí, la novela fue una incomprendida, un volumen embutido en las estanterías de la casa que aburrió al seguidor de Dan Brown. Pero hubo cientos de opciones, podías elegir la edición que más te gustara y eso llena la panza del comprador de libros.


Lo habitual, para esquivar el capricho editorial, será acudir a los libros de viejo, soportar la alta cotización de las novelas que allí se venden impuestas por los libreros que saben mucho sobre lo que llevan entre manos. Si uno es paciente, tras preguntar el precio que será casi tan alto como la luna, dirá: Bueno, puedo esperar. Alguien se dignará a publicarlo de aquí a unos años. Y si no es así, si es impaciente y las ganas le asaltan como pulgas, pagará lo que sea por la edición mugrosa, casi infecciosa, letal para la piel y la vista de ¨Ciego en Gaza¨ de Aldous Huxley.


Así es como uno simplemente trata de leer lo que le gusta. Es la forma de intentar cambiar de canal en su mente aunque se empeñan en ponerle siempre la primera de TVE.



Y, sinceramente, bajarse los libros de google no es la solución.

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