por Lynnsinhill

EL SEÑOR SCROOGE


Llegan las monsergas navideñas, el desbarajuste publicitario y la imposibilidad de compartir la acera con la soledad. Ahora todo será tumulto, tránsito en todas direcciones, ahorros que se desintegran al primer contacto de escaparate... Algunos, los madrileños, hablan de cortilandia, otros, los infravalorados provincianos y habitantes de pueblo, murmuran algo sobre el Belén del Ayuntamiento... Todos miran el bolsillo, enumeran los regalos con los dedos de las dos manos como impuestos anuales que todavía usan el eufemismo de regalo.


Pones un canal, el marketing sondea a la audiencia y tú te rindes a tu papel de comprador, asumes que por unas semanas tan sólo serás un monigote al que maneja una cartera, una marioneta, un títere movido por las expertas manos de El Corte Inglés.


Ninguna novela transcurre en Navidad, todas huyen de ese escenario escandaloso, pegajoso, falso... Sólo el señor Scrooge, obligado a vivir tres veces la navidad por un inclemente Charles Dickens. Navidades pasadas, presentes, futuras, eternas... y el alma huraña, el espectro de la Navidad danza con su esquelética figura, pero sólo es un cuento, un cuento de Navidad.


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