por Lynnsinhill

DEL TRANVÍA OVÁRICO DE HENRY MILLER Y NO DE DAN BROWN



Eso era de Henry Miller. Yo le robé el título, me apropié de la idea esa ininteligible del tranvía ovárico de uno de sus trópicos literarios: "Trópico de cáncer". Soy una usurpadora, pero es que era un homenaje mudo. Un guiño al muertito de Miller que ahora andará por los cielos parisienses escudriñando la vida bohemia que discurre a orillas de su Sena. Cuando fui a París todavía no conocía a Miller, y vagué por sus calles hasta el cementerio de Pere Lachaise para rendir pleitesía a Oscar Wilde, a Dumas o a Balzac. Quería verlos en sus tumbas. Estaban muertos, hundidos en sus tumbas, pero decían y convulsionaban tanto mi vida con sus palabrejas... Es que estaban mal muertos, a medio morir, todavía hablaban y relinchaban, jadeaban eternamente en sus libros influyendo en mí y a saber en quien más.
No leo a Brown, a Dan Brown.¡Cómo iba a leerlo si ni siquiera tiene nombre de escritor! No me interesa su monalisa, sus escarceos con la biblia, ni sus mentirijillas de novelista, me abruman sus superventas, esa moda que existe hasta en los libros, dictadura editorial de Vogue, de El País... o de qué sé yo. No, no, señores.

La literatura es libertad, rescatar palabras de los sótanos del mundo y construirse uno mismo. La literatura es el ladrillo. No se pueden construir tantas casas iguales.
Dirigido a quien me entienda.

EN EL TRANVÍA OVÁRICO


Las palabras, ¿las palabras...? Las palabras son cosas que yo embuto en mi cerebro a través de sílabas mezcladas con vocales y consonantes, son lugares que yo he visto tantas veces que al final me merecieron un nombre.
Las palabras son las lanzas que yo uso para asir la verdad y son las cosas que yo lanzo desde mi boca para combatir a los que me intentan engañar.

Engañifas son las cosas que me sueltan los rufianes que construyen desde cualquier lugar desde donde se pueda vislumbrar el mar, o un trozo de su azul reflejado en el batiente de alguna persiana. Ese es el lugar elegido, es como el mapa del tesoro de algún pirata donde se marca una X de fortuna afortunada para el constructor.

La montaña, la naturaleza es el país en el que yo quiero vivir y por la que cruzan horribles cicatrices de humanidad, de civilización...de salvaje tumulto humano que arrebata de mis ojos los bosques y me planta el turismo que crece, se expande como una falsa promesa de prosperidad.

Albarracín desde un mundo vertical


Desde que regresé de EEUU no he tocado roca y mis músculos cuelgan como cortinas. Me he dedicado a codiciar los salientes de la montaña desde mi cómodo enraizamiento con la gravedad, con esa horizontalidad que se puede caminar sin tener que acudir a las presas de mis manos o la adherencia de mis "gatos".

Pronto, muy pronto, tendré a Albarracín entre mis falanges.

MANHATTAN TRANSFER


Estoy leyendo, invierto mi tiempo en palabras que se convierten en páginas y finalmente en un libro: "Manhattan Transfer".
Primera página: un ferry. Pululan los personajes, las descripciones de Dos Passos, huele a mar, a Atlántico resacoso y espumeante como una cerveza. Sigo leyendo, es el cortejo de la palabra que va deshilvanando su historia -el escritor es como una araña tejedora- y yo vibro.

Seguiré leyendo, apenas llevo unas páginas pero son tan intensas que ya noto a Nueva York hundiéndome en sus cimas de cristal, navegando por mis sentidos...

Leer y sentir que tus horas no pertenecen a este mundo.

DE "EL IDIOTA" DE DOSTOYEVSKI



Voy a quedarme en plena e inconclusa lectura de “El idiota” con permiso de Dostoyevski. Se me atragantó tanto personaje, tanta abundancia de charla y parloteo. Para colmo de males, resulta que “La casa del libro” me vendió un ejemplar que a los dos días ya estaba deslomado. Ya sé que en este caso la culpa y responsabilidad del asunto es un híbrido, una cuestión que deben dirimir la editorial Juventud y la Casita del...

En fin, no pienso ir a Madrid a reclamar. Dejaré el libro depositado en los estantes, codo con codo con “Los hermanos Karamazov” (de Dostoyevski y de la editorial juventud también), y vecino de puerta de “Crimen y castigo” y “Apuntes del Subsuelo”. Ya sabéis, todos vástagos de la mente del ruso.

Ahora arramblaré con “Manhatan transfer” de Dos Passos y “Primavera negra” de Miller.

De “El idiota”, extraigo unas nociones y es que el susodicho imbécil es un tipo bueno y cándido que en un mundo tan enrarecido no casa. Y por ello, de tan bueno, sus contemporáneos le achacan el piropo. Por cierto, también es epiléptico.