por Lynnsinhill

EL IMPERIO GOLFISTA

Busot, Santa Pola, Finestrat, Sella, Javea, Orihuela, San Juan , Monforte del Cid, San Vicent del Raspeig...¿Qué tienen en común estas poblaciones? ¿Que pertenecen a Alicante?, No, la respuesta es que todas tienen campo de golf.

El campo de golf vive su imperio, y extiende sus dominios por los más secos parajes de la estepa. Porque no importa que no haya agua, que se contradiga a esa ley evidente de la naturaleza que reza así: “cada geografía tiene su clima, y por tanto una flora y una fauna característica”.

Y entonces alguien puede construir trece campos de golf en Alicante, proyectar otros tantos y plantarnos un paisaje nórdico en pleno desierto de Almería si una panda de guiris se frotara las manos ante la perspectiva de vivir ahí.

Así surgen los campos temáticos de la especulación, los hoyos inoportunos bajo los que se excusa un negocio inmobiliario, y se aniquila una tradición de bosque mediterráneo por simple deslumbramiento ante el oro turístico.

De repente surge el injerto, las demandas hídricas se ven desbordadas porque no siempre es cierta la socorrida frasecilla de que los campos de golf consumen aguas depuradas. Muchas veces la alta salinidad de las aguas residuales no es apta para el riego del “green”, lo que obliga a mezclarlas con aguas subterráneas en proporciones a veces del 50%.

¿Cómo entonces explicarles a los niños que cada zona tiene su clima?, ¿Cómo hablarles del clima mediterráneo, del Atlántico, del...? ¿Cómo decirles que el pino es característico de aquí, que el roble es de allá? Podríamos omitir entonces esta clase o resumirles la explicación diciéndoles que sólo existe un clima: el del hombre y que es él que dispone la flora y la fauna de las geografías en las que él se desenvuelve devorador.

Así, un zorro es desterrado, repudiado de las latitudes que le son propias y huye atemorizado ante esos 2.600 nichos de humanidad que se declara sectaria del golf, aunque en realidad no juegan, ni siquiera sabe quién ganó la Ryder Cup del año pasado, pero ellos nos venden su estilo de vida altanero, sus proporciones de Duques sin tierra, sus verdes prados hoyados y su indumentaria de estirados.

Jugar al golf, podemos ser generosos y afirmarlo, no está mal siempre que se trate de crear campos de golf de forma respetuosa y moderada. Pero lo que vemos ahora es autismo, villanía constructora, sabotaje del medio, e ignorancia estratosférica.

Alguien debería explicarme todo esto, debería venir aquí y sentarse a mi vera con un cúmulo de poderosas razones que me hagan comprensible esta ultraje a la naturaleza. Ella está ofendida lo sé, ofendida y humillada ante esa desbandada de locos que babean por campos de golf trillados de viviendas unifamiliares.

Los tomillos, los pinos y los romeros viven una marginación. Todos prefieren el verde césped, aunque saben que es extranjero, insaciable y siempre exigente de agua.

Antes, para explicar el enorme despoblamiento forestal de la geografía española, se solía acudir al ejemplo del mono o de la ardilla que podía recorrerla de cabo a rabo sin soltarse de las ramas, ahora podríamos hacer una adaptación atendiendo a los tiempos que corren y afirmar que alguien podría recorrerse toda la provincia de Alicante sin dejar de jugar al golf.

3 comentarios:

Bercimuelles dijo...

Leído, releído y aplaudido.

Lynnsinhill dijo...

Me alegro de que, supongo, te haya gustado, pero me alegro, mucho más, de que compartas el mensaje.

Tyler Durden dijo...

Puto jueguecito de los cojones...